
Quiero pensar que escribo porque se me antoja hacerlo y no por que sea miércoles y hoy toca obligado un post, también puse mi foto para acordarme como soy y cómo me ven las otras personas.
Según yo estos días andaba tratándome como un rey, comprándome libros caros de los que cuestan doce para arriba, viendo peliculas en formato dvd los domingos mientras no hago más que existir frente al televisor y comiendo lo que se antojara sin el menor remordimiento de que puedo despertar mi genes diabéticos heredados de mi madre. Y es que mi burbuja de automplacencia se me revento ayer, o fue antes de ayer, no importa.
Todo comenzó el lunes cuando me cayeron del cielo seis teléfonos para activar, gracias Diosito santo, sé que me he portado muy bien, y yo ya estaba sacando cuentas de en qué me gastaría la plata que aun no tenía, primera(da)mente me compraría Son de Mar de Manuel Vincent, aplazaría una vez más Ama y no Sufras de Walter Risso, y alargando los numeros y volviendo más alegres las cifras hasta el sábado la plata me alcanzaba para comprarme una camisa muy bonita que vi en Super Exito e invitar a salir a Anita que hace una semana me pidió que vaya a merendar a su casa porque desde los días de los exámenes no hablamos, iria antes de la hora para decirle que comeríamos fuera.
Pero antes de que terminara de hacer mis planes llegó la hora de las tonteras, al verificar las series de los teléfonos en el departamento anti secuestros de telefonos choripateados de PORTA te conecta, cinco de los seis estaban robados, qué rabia, por lo tanto mi capitalito se reducía a seis dólares más dos rezagados que tenia por ahí, ocho. A mi clientazo le dije que nomás activé uno, y le devolvi los otros cinco, ahistan, y el muy hijo del vecino me pregunta con cachita, no pudo activar los otros y yo le respondo que fijese estan reportados.
Con ocho dólares listos para gastar en mí, me fui a la librería la Iliada que está por la nueve de octubre, entré, rebusqué, me tomé mi tiempo pero me di prisa entre los montoners de libros, yo que preguntaba por varios desde una pila enorme y la chica de la caja me respondía, no, no, no, pero sólo uno me interesaba, Son de Mar de Manuel Vicent, ya lo dije y se lo vuelvo y repito niña , Son de Mar de Manuel Vincent, pero al final no hubo nisiquiera la Hojarasca de Garcia Marquez, al preguntarle que cuánto cuesta la Rayuela de Cortázar, el gerente o mejor dicho no sé la función que desempeñe el individuo que se me apareció por las espaldas, me dijo, ese le cuesta catorce. Me miró como quisen quisera reconocerme y luego ladró: no se preocupe, me dice, que para la semana próxima me traen unos más baratitos, y me lo dice con tal cinismo que aún me acuerdo, y es que me lo dijo un hombre tan indio y tan cholo el desgraciado infeliz que sólo le faltaban las plumas y las flechas para parecerce a los shiris. No soy de los que arman una escena, pero ganas no me faltaban, sin embargo preferí buscar entre mis pensamientos una réplica para su gracia y encontré en una de las paredes de mi cerebro una nota mental: notifíquese al Señor Weblog que su autoestima está en la mierda.
Anoche estaba revisando Volar Sobre el Pantano del Pautemoc Sánchez, es incleible la sabiduría de este hombre, él dice, la soledad no es la ausencia física de las personas, pues podemos trabajar, hacer planes y una vida en un lugar aislado siempre y cuando sepamos que en algún lugar hay alguien esperándonos, pero las personas solitarias estan mortalmente solas aunque estén rodeadas de amigos porque simplemente la soledad es la carencia de afecto. qué lindo!