el último capítulo
había amanecido lloviznando y durante todo el día, hizo mucho frío. al medio día que habíamos salido a comprar al comisariato, vimos la temperatura en el reloj público, 22 grados.
ricardo weblog: estarás bien? —le pregunto. ya era de noche, íbamos camino al aeropuerto. conducía despacio, en una hora saldría su vuelo.
lorena: sí —responde frotándose las manos—. pero qué frío hace. no te parece? que yo recuerde, nunca ha hecho así de frio en guayaquil. qué pasará?
ricardo weblog: el planeta intenta pasteurizarnos —digo acordándome de un chiste.
se sonríe. miro su mano posada sobre su vientre, como protegiendo al bebé. el alma se me estremece. la tomo de la mano, la miro a los ojos y le robo un beso. ella suspira y mira hacia el frente. me detengo en un semáforo, donde me parece que muchos años atrás jugamos por primera vez el juego verde.
ricardo weblog: todavía estas a tiempo de cancelar tu viaje, puedes hacerlo con media hora de anticipación, no? —digo.
lorena: no, no quiero quedarme en la casa sola.
ricardo weblog: te quedarías conmigo. yo te cuido.
ella apoya la cabeza contra el cristal y no responde, dándome a entender que aquello ya lo discutimos.
minutos después, llegamos al aeropuerto. la ayudo a bajar la maleta. la acompaño a partidas internacionales.
ella toma su maleta, se pone la chaqueta con una expresión fatigada y se arregla el cabello.
lorena: piensa en mi, ya? —susurra.
ricardo weblog: no pensaré en otra cosa.
la tomo de las manos y cerramos los ojos, rezamos en voz muy baja. mientras mantenemos los ojos cerrados, escuchamos a nuestras espaldas un sorpresivo, qué hacen chicos! abrimos los ojos, se trata de verónica.
ricardo weblog: qué sorpresa! —digo. lorena le sonríe. ellas se abrazan. verónica le da besos en el cabello mientras que lorena le susurra algo al oído.
verónica y yo nos despedimos de lorena con un beso compartido en cada mejilla. la veo caminar arrastrando su maleta. las puertas automáticas se abren, pero lorena se detiene un instante. las puertas hacen el movimiento de cerrase, pero se quedan a medias y vuelven abrirse. lorena, un poco afectada, se voltea a vernos y nos manda besitos tristes.
verónica: ya, no hagas tanto drama. ni que te fueras a la luna! —le dice verónica divertida.
lorena se sonríe y da media vuelta, las puertas se abren completamente y luego que ella ha pasado, se cierran de golpe.
verónica: y ahora, ricky. qué vas hacer?
ricardo weblog: me voy a quedar aquí.
verónica: hasta que ella regrese? te vas a quedar viviendo una semana al aeropuerto.
ricardo weblog: al menos el tiempo que permanezca en el aeropuerto antes que despegue.
verónica: yo sé donde podemos verla —dice tomándome de la mano—. vamos!
la sigo, salimos del aeropuerto. le pregunto si acaso no tiene que quedarse trabajando? ella me dice que no, que ya terminó su turno, que sólo tenía que hacer operaciones.
llegamos al parqueadero y nos subimos al carro. ella se mira en el espejo de la visera, se retoca maquillaje.
ricardo weblog: pensé que íbamos a pasar a la pista —le digo al verla tan relajada.
verónica: no, estas loco. quieres que nos metan presos? sólo podemos pasar con autorización.
ricardo weblog: me sorprende que respeten las autorizaciones.
verónica: te botan si no lo haces —dice dándose un beso volado frente al espejo.
ricardo weblog: por esa cuestión de las autorizaciones es que lorena se ha negado a decirme qué es lo que hace luego que cruza las puertas de arribo internacionales.
verónica: así? —pregunta seria, mirándome.
ricardo weblog: me dijo que si lo hace, seguro lo publico en el libro que estoy escribiendo.
nos reímos. verónica se sonríe de un modo gracioso, apretando los dientes y arrugando la nariz. se la ve muy linda.
verónica: a ver, yo te lo digo. pero eso sí, con la condición que me hagas aparecer en tu libro.
ricardo weblog: listo!
verónica: ya, pero arranca que se nos va el avión.
ricardo weblog: a dónde vamos?
verónica: al puente peatonal que queda frente a la móvil.
ricardo weblog: ah, ya —digo mirando la gasolinera del otro lado de la calle—. pero no debemos ir en carro, esta aquí nomás a la salida.
verónica: no, esa no. vamos a la que esta del otro lado, en la benjamín carrión. esa tiene una vista espectacular a la pista.
ricardo weblog: he pasado miles de veces por ahí, pero nunca se me ocurrió pensar que desde allí se veía la pista —le digo poniendo en marcha el carro.
verónica: sí, pues. allí es donde el estúpido de aerogal se paraba a verme y yo desde adentro del avión lo veía hacerme así con la mano como teletubi. ah —suspira llena de nostalgia, llevándose las manos al pecho—, qué tiempos!
salgo del aeropuerto y emprendo el camino contrario al de la casa de lorena, avanzo hacia el norte. pienso en preguntarle sobre aerogal, pero la veo de muy buen humor, no quiero estropeárselo.
ricardo weblog: ibas a contarme qué es lo que hacen luego que pasan por partidas internacionales —comento.
verónica: fíjate ricky —me dice acomodándose en el asiento, apartando la tira del cinturón de seguridad que cruza por su cabello— una vez que cruzas por las puertas, pasas por la sala de pre embarque, lore y yo saludamos así sexys a los pasajeros, pero no pienses mal, sólo lo hacemos para distraerlos, para robarnos los bocaditos que vamos comiendo mientras caminamos hacia la manga de embarque. allí nos detienen los agentes de seguridad, revisan nuestros pasaportes y que los permisos estén en regla. pasamos el equipaje por el detector de metales y caminamos como por un túnel que es así como caminar por dentro de un acordeón gigante hasta alcanzar la puerta del avión. una vez adentro, saludamos a las chicas, las tripulantes españolas. las encontramos adentro porque ellas ya vienen desde quito, acuérdate que el avión es como metrovía con estaciones, tanto de ida como de regreso, la primera es quito y la segunda guayaquil, fijo, siempre ha sido así. bueno, depositamos nuestras valijas en su sitio. lore tiene la costumbre de sacar su linterna de seguridad y registra una pequeña escotilla en la parte de abajo del placard, yo la veo agachadita allí metiendo la manito como gatita juguetona. y yo le pregunto, qué haces, loca? y lore, revisando que mi paracaídas esté asegurado. y yo incrédula, porque con lore nunca se sabe cuándo miente, ah, ya te creo que ahí cargas un paracaídas. pero ella me dice que sí y que si el avión se cae, me agarra y saltamos juntas. luego vamos con las otras chicas y nos informan las novedades. mientras tanto, lore cuenta a los pasajeros. una vez ocurrió que nos sobraba uno, resultó que un señor se había infiltrado. nunca supimos cómo, porque ni bien lo confesó, enseguida le cayo encima la seguridad al pobre. ahora, mientras yo agarro mi cochecito, lore pasa a la cabina del piloto y se cuadra frente al capitán. luego se coloca unos audífonos grandazos así como de un dj y ayuda a pasar vista por los instrumentos de vuelo. eso es para volverse loca, tú internamente escuchas que hablan cantidad de gente. la cabina, los pilotos, la torre de control, la seguridad, todos. ah, sí, se me olvidaba, todo se habla en inglés, ese es el idioma universal, así estés en la china. ese trámite demora unos veinte minutos, una vez que se comprueba que todo esta en orden, se permite el ingreso de los pasajeros al avión. en ese caso yo tendría que recibirlos, porque la aerolínea busca que los pasajeros de región sean recibidos por una coterránea. en los vuelos van y vienen mas migrantes que españoles, pero como yo estoy acá contándote tonterías y media, entonces lore es la que tiene que pararse en la puerta, acomodarse el cabello y sonreír así, como maniquí y dejar que la gente pase. a veces, te reclaman de entrada. mientras lo hacen y te mentan a la madre, sonríes frenéticamente, como si tu mente estuviera por otro lado. te cantas una y otra vez, no oigo, no oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado. ya, ricky, es por aquí —dice interrumpiéndose sorpresivamente, señalándome un puente peatonal.
justo, unos metros mas adelante, hay un sitio donde aparcarse. se trata de una pequeña hendidura en la acera, aparentemente de una antigua entrada y salida de vehículos al terreno del aeropuerto. parqueo el carro en el sitio y nos bajamos. subimos corriendo los escalones. llegamos sin aliento.
a la distancia, se ve el enorme boeing de iberia, las luces titilantes destellan en la oscuridad y colorean nuestras caras con rojo y amarillo.
ricardo weblog: qué estará haciendo la lore? —pregunto.
verónica: ahorita ya debe de haber terminado la verificación de los instrumentos. sí ves, los carros de seguridad se apartan, eso significa que ya mismo el avión empieza moverse. ahorita lore y las chicas deben de tomar sus posiciones en el pasillo, deben explicar las medidas de seguridad, el uso de la mascarilla de oxigeno, cómo se abrocha el cinturón y etcétera, etcétera, etcétera. después van a sentarse a sus puestos, lore y yo escogemos siempre los asientos del lado que dan hacia la izquierda de la pista, o sea, adonde ahorita estamos y nos atamos bien a nuestro asiento. me acuerdo que una vez, cuando era novata, se me ocurrió preguntarle a uno de los chicos de la tripulación, por qué tenemos que abrocharnos tantas correas? y me dice, es para que los cadáveres no se pierdan en caso de colisión. mira ricky, el avión se mueve. sí ves? ya, lore ahorita ha de estar rezando el padre nuestro.
entonces, a la distancia, desde el puente observamos el titilar de las luces acelerándose. el avión se mueve pesadamente, como un auto averiado. lo siguen lentamente algunos carros de emergencias y un camión de los bomberos.
ricardo weblog: me imagino que el camión de los bomberos es por si se prende en llamas durante el despegue. no?
verónica: ajá —dice verónica mirando hacia la pista—. ya va a despegar. no te imaginas lo que se sufre allí adentro.
muy lentamente se acentúa el zumbido de las turbinas. el avión avanza tortuosamente hacia un extremo hasta colocarse frente a la pista. el sonido de los motores se intensifica, como el de los autos de carreras antes de arrancar. empieza a moverse en línea recta, los camiones de seguridad lo persiguen a toda velocidad haciendo ulular sus luces. pero el avión, con inusitada agilidad a pesar de su tamaño descomunal, toma ventaja y los vehículos van quedándose atrás, cada vez tiene mayor velocidad hasta que a mitad de la pista se ven las ruedas despegarse del piso. lo veo pasar por mi delante, a unos cincuenta metros, haciendo un ruido estremecedor. miro las ventanas del avión pasar muy rápido. hay luces encendidas. verónica salta y grita emocionada. sé que tras una de esas ventanas va lorena temblando de miedo y de emoción. me contagio de la euforia y yo también salto y grito su nombre porque sé, el corazón me lo dice, que ella logró verme y talvez escucharme. le mando besitos porque sé que ella también lo está haciendo y lo hago mientas el avión cada vez va tomando mas y mas impulso hasta elevarse y pasar apenas algunos metros por encima de la cerca de mallas que dividen el asfalto de la calle con el de la pista. y el boeing sigue ganando altura con mucha dificultad, casi tocando con las ruedas las antenas en los techos de las casas cercanas. sigue así hasta ganar altura, velocidad, seguridad.
ricardo weblog: crees que lore se habrá dado cuenta que estuvimos aquí?
verónica: pero claro, si ella me pidió que te traiga para acá. qué crees que fue lo que me dijo al oído?
ricardo weblog: lo sabía. lo sabía —digo excitado.
verónica: si lo sabías, por qué preguntaste? —dice sonriendo.
ricardo weblog: porque dudé.
nos reímos.
verónica: mira, allí vuelven, están corrigiendo el rumbo. tienen que irse para españa y españa está para allá arriba, cruzando el atlántico —dice señalando hacia el norte con la mano.
el boeing sigue en el cielo trazando una elipse gigantesca, concéntrica, retornando en sentido contrario, pero ya muy alto pasa sobre nuestras cabezas. apenas si se distinguen los colores de la cola y las luces en los extremos de las alas. apenas si el ruido de las turbinas se sobrepone al ruido de los carros que pasan indiferentes por la avenida. veo el avión alejarse, hasta quedar silenciado por una nube que no logra borrarlo completamente. su rugido apenas se convierte en un rumor que traspasa mi corazón. las luces de colores se funden en un punto destellante, difuminado y frágil como una lágrima, como una estrella lejana que poco a poco se pierde en el cielo infinito.
me quedo llorando en los brazos de verónica.
guayaquil, julio de 2010