
Después de tres meses de no ponerle tarjeta a mi teléfono celular, ayer cedí a la tentación. Cuando me envié un mensaje a mí mismo para saber si ya estaba habilitado el servicio, me acordé porque fue que dejé de ponerle tarjeteas de prepago, para no tener esa horrible sensación que ahorita tengo, estar esperando un mensaje que nunca llegará.
La otra vez, Patricia, me mandó un meil de esos que son requetequecontra que enviados, de esos que se remiten porque sí, en algún lugar del mundo alguien esta pensado en tí. Si es cierto me gustaría saber quién es, para decirle en su cara que sus pensamientos interfieren con mi libertad.
Uno de estos días la soledad se olvidara de mí y allí sí estaré verdaderamente solo. Por el momento aun tengo manos para escribir y la ilusión de creer que no necesito de nadie que me quiera.
Estoy enfermo de ser amiguito trade mark.