
El ciber mundano que está en la otra cuadra ha cerrado. Iba a aquel sitio cuando no quería escuchar música evangélica ni el perreo 2004, generalmente cuando quería escribir cartas. El sitio era más bonito que este, mucho mas apacible y armónico, no habían niños chillones como el que me grita en la oreja. Ni el calor asfixiaba tanto como aquí y aunque nos molestaban los avisos de no sea cochino, aquí tampoco está permitido ver pornografía, era más acogedor y se tenía una idea clara de lo que era la privacidad. Nunca hablé del señor y su esposa que lo atendían y que al llegar me decían con una sonrisa, a los tiempos que se aparece, ya lo extrañábamos. Lo malo es que la tarifa costaba veinte centavos más que los otros, diferencia mortal en el sur de la ciudad, y sí, habemos unos bloggers que nos damos ínfulas de grandes señores y preferíamos pagar más por una conexión rápida y computadoras con panel flat.
Pasando a la sección cultural. Karem me prestó, el otro día, El Diario de Ana Frank, y hoy lo terminé de leer. Lo más asombroso es la madurez de la chica que a los trece años escribió una obra excelente. Nunca antes había leído a alguien tan joven y tampoco imaginé que una niña, a la que apenas le llegaba la menstruación, iba a superar con su talento a Son de Mar de Manuel Vicent, un escritor viejo. El último artículo del diario me conmovió. Luego de permanecer dos años enclaustrada con su familia en un edificio de oficinas no perdía las esperanzas de que terminase la guerra y el asedio a los judíos. Lamentablemente las cosas no ocurrieron como esperaba y murió dos meses antes de la derrota alemana en un campo de concentración. Pero ella ha logrado lo que ya quisiéramos la mayoría de los bloggers, ser universales por nuestra obra.