
Estaba viendo en el Diez la novela que mi mamá ve todas las tardes y que dan a esta hora, La Madrastra de la Mafia en Matrix, se trata de una madrastra que esta metida en vainas con uno de los carteles de Cali o Medellín o será el de Monterrey, no importa, de todos modos todos son iguales, estaba persiguiendo con una pistola cargada a su hijastra que para evadirla se mete en un centro comercial que en el tercer mundo es mas o menos como quién dice una sucursal del primer mundo con su propio clima primaveral y en eso la Hijastra de la Mafia es sorprendida por un montón de matrix en las escaleras y los ascensores y los corredores y las mesas de las cafeterías y en los salones de juegos de plei estishon, por todos lados están esperando los matrix para agredirla y entonces ve como única solución pegarse un clavado suicida desde el barandal más alto del edificio y descubre para nuestro asombro que sabe volar. No es broma, eso es lo que vi.
Hice tiempo porque tengo que salir y me da harta pereza, afuera el ambiente no es nada alentador, el sol es tan intenso que ha dejado reducido a un montón de huesos petrificados a los pobres perros callejeros y en las esquinas hay montículos de arena de desierto y bolas de espinas que son arrastradas por los remolinos del viento de polvo. Tengo tanto sueño que no sé si esto que escribo lo estoy viviendo o soñando. Habrá que preguntarle a la Madrastra de la Mafia, pero cuando se desocupe de esos matrix.