
Si hace un mes alguien me hubiera propuesto jugar a la botella me habría muerto de la indignación, pero durante la semana pasada mis defensas anduvieron bajas y me dejé tentar. Lo bueno es que esa ya es una fiebre curada.
El primer día caí inocentemente, Anita estaba jugando con sus amigas durante la hora de clases en que faltó un profesor. Cuando me vio entrar retrasado como siempre gritó, un macho, mátenlo. Pero en realidad me sentaron y jugué a preguntas y respuestas con pocas ganas.
La última vez no me tuvieron que obligar, todo el grupo se vino a buscarme de modo que nos organizamos tan bien y en tan poco tiempo que más que algo espontáneo parecía una emboscada. Estaban justamente quienes no debía estar, una chica llamada Liliana de quien tenía noticias ciertas que le gustaba, la prima de ustedes y por la que tanto han preguntado Cinthya, su otra prima Tamara y Anita que era la más asustada y la más entusiasta.
Al principio tocaron retos simples, Cinthya, tienes que abrazar a Ricardo como si fueran amigos. Luego fueron subiendo los tonos hasta que alguien dijo, Liliana dale un beso a Ricardo y la muchacha se levantó y me besó en los labios en medio del estruendo unánime del alboroto del salón de clases entero en el grito de aja, eres un bandido, esa no te la conocía. La chica se fue apenada y olvidé el suceso hasta más tarde en que ella me mandó a llamar. Así mismo fue el turno de a ver Tamara dale un beso a Ricardo, y Tamara reclamó que sólo a Ricardo, pero se levantó, y buscó afuera del curso, y debajo de las bancas, y detrás de las ventanas, y en cada uno de nuestros recuerdos la imagen de su enamorado, y cuando por fin se convenció de que está todo despejado me lo dio. Con ella sí sentí una chispita. Luego fue mi turno y alguno dijo dale un beso a cualquiera de las chicas que están aquí. Me moría por besarla a Tamara y a la vez sentía temor de comenzar a extrañar esa descarga eléctrica, pero Anita me toreó cuando me quedé pensando por demasiado tiempo, tómate desaguevin forte, dijo. Y yo ah, con que esas tenemos a tí es que te voy a besar y ella muerta del susto, porque no puede ser, tú y yo somos como hermanos y es cierto porque con Anita he desarrollado una muy fuerte amistad y sabía que si la besaba no sentiría nada de lo que sentí con Tamara o que podría sentir con su prima, la de ustedes, Cinthya, así que tuve que pedir que me la agarren bien, no la suelten no la suelten, no vayas a moverte y se lo di, y no me equivoqué, sólo sentí la satisfacción de una curiosidad.
A la salida de clases, la primera muchacha Liliana, apareció y me enteré de lo que ya sabía, que le gustaba. Trataba de tener mucho tacto, pero le dije la verdad, que no sentí nada con el beso. Se le notó la desilusión en la cara y creo que hasta me odió por un momento. Aparte de eso tuve una discusión con Anita, porque te comportas como una niña de quince años Ricardo, tú dices que no tienes nada y ella tampoco tiene a nadie y yo le dije que no que las cosas no son así y ella me dijo que sí son así.
El domingo que fuimos para Durán con un grupo de compañeras. Anita habló con Liliana por el celular, lo puso con el altavoz para que también yo escuchara. Se la notaba un poco triste, para animarla Anita le dijo mirándome, ya no le pares bola, lo que pasa es que tiene una enfermedad muy parecida a la que nos da cada mes.
Con eso se me quitaron las ganas de andar jugando a cosas que no debía. Ah sí, discúlpenme por no poder visitarles más seguido, trataré de ponerme al día. Esta advertencia va para las personas que también ven lo que no deben y las tengo contadas. A veces he pensado que debería de cerrar el blog y cambiarlo a otro sitio, pero sin perder la dirección, así como una especie de filtro anti sapos, si algún informático sabe cómo hacerlo estaré muy agradecido.